EDUCACIÓN MUSICAL SIGLO XXI: PROBLEMÁTICAS CONTEMPORÁNEAS
Trabajo publicado en la revista da abem (Associaçao Brasileira de Educaçao Musical)
POR QUÉ LA MÚSICA
Durante las décadas centrales del siglo pasado, el argumento más relevante que se manejó en los medios pedagógicos a favor de la inclusión de la música y las actividades artísticas en la educación general fue sin duda el que invocaba la virtud sensibilizadora de lo bello y la naturaleza estética del arte. La psicoanalista norteamericana Susanne Langer (1896-1985), con sus teorías acerca de las correspondencias que existen entre la música y el lenguaje de los sentimientos, influye decididamente en la concepción pedagógica y filosófica de los educadores musicales más destacados de aquel período fundacional, en Europa y Norteamérica.
Edgar Willems (1890-1978), el destacado psicopedagogo musical de origen belga, con una visión integradora, afirmaba que las virtudes de la música no sólo remiten a lo bello (la Estética) sino igualmente a lo bueno (la Ética) y a lo verdadero (la Filosofía). Este gran maestro fue el primero, en la época moderna, en señalar las cualidades éticas de la música, colocándolas por encima de las cualidades estéticas.
Por las múltiples funciones que cumple la música y por su influencia decisiva en la conducta humana, ésta pasará a partir de los ochenta a ser considerada esencialmente una experiencia multidimensional (David Elliot, 1994). Desde esta óptica más abarcativa, hemos tenido oportunidad de desarrollar, a través de nuestro trabajo pedagógico y musicoterapéutico, la hipótesis de las tres funciones primarias de la música –energía, alimento y lenguaje-, anteriores al arte (Gainza, 1997), que permiten explicar, además de las cualidades educativas de la música, algunas de sus más relevantes aplicaciones, entre éstas la Musicoterapia, que adquiere en el siglo XX carta de ciudadanía como carrera o especialidad académica.
Ya más cerca del presente siglo, en plena globalización, una época signada por múltiples exclusiones -sociales, raciales, culturales, económicas, etc.- se reconoce y consolida a través de la práctica la acción reparadora de la música como herramienta privilegiada de intervención social. Valgan como ejemplo los numerosos proyectos de inclusión social a través de la música, que auspician la creación de coros, bandas y orquestas infantiles y juveniles en ámbitos carenciados, así como la programación de actividades musicales y artísticas en cárceles, de intervenciones varias en la recuperación de adicciones, etc.
Vemos así que el efecto formativo de las artes, asociado tradicionalmente de manera exclusiva a su valor estético, hoy remite en primera instancia a la potencialidad de las actividades artísticas de influir integralmente en la persona humana, no sólo en los aspectos sensoriales y afectivos sino en el desarrollo intelectual y social.
La música debería ser pues una disciplina infaltable en los programas de formación básica (escuela primaria y secundaria), por las virtudes que hacen de ésta una experiencia peculiar, única e insustituible para la existencia humana. Las razones fundamentales que nos llevan a adherir a este posicionamiento, en el momento actual, y por orden de prioridades serían:
– La música es un derecho humano (argumento ético)
– La música es una invención trascendente, un lenguaje universal (argumento científico y cultural)
– La música es una herramienta privilegiada de intervención social (argumento pragmático, de necesidad y aplicación social)
LA PEDAGOGÍA MUSICAL COMO HERRAMIENTA PARA EL CAMBIO
La importancia de la educación musical reside en su potencialidad para motivar a los educandos a hacer música de manera activa: y poder, de este modo, disfrutándola plenamente y experimentando sus múltiples efectos en relación al cuerpo, al espíritu y a la mente.
Cuando la música está desconectada de la práctica su enseñanza pierde sentido y hasta puede volverse nociva por no responder a los intereses y motivaciones de los estudiantes. Una de las formas de acción sociocultural a través de la música más difundidas en la actualidad son los proyectos de orquestas, bandas, coros, grupos de danza y conjuntos folklóricos creados con el fin de ofrecer actividades musicales valiosas y positivas a los niños y jóvenes de los sectores menos privilegiados de la sociedad. Las técnicas pedagógicas que se manejan en estos grupos, así como las que se aplican en la enseñanza de la música popular, son esencialmente prácticas y orales. Quienes participan en estos conjuntos reciben una formación activa, y de carácter lúdico, ya que comienzan a hacer música con sus instrumentos, en forma directa, sin pasar previamente por el aprendizaje de la lectoescritura musical, hecho que en este caso está lejos -¡todo lo contrario!- de despertar la desconfianza o la descalificación por parte de padres y profesores, como sucede en los conservatorios empeñados en perpetuar el academicismo y las enseñanzas tradicionales.
Uno de los obstáculos más notorios en las prácticas pedagógicas regladas u oficiales es el cúmulo de contradicciones y dobles mensajes que existen entre los conceptos progresistas y abiertos que se proclaman en los marcos teóricos desde hace más de dos décadas (constructivismo, apertura, creatividad, integración, participación, etc.) y lo que acontece realmente en la práctica (fragmentación, predominio de la teoría, conductismo, repetición, ejercitación, etc.).
La toma de conciencia y La reflexión acerca de las problemáticas vinculadas con la crisis educativa y sus causas constituye el primer paso para la toma de decisiones sobre las acciones a emprender en la coyuntura actual con el fin de restaurar el ritmo y la calidad de los procesos pedagógicos en el área de la educación musical y artística. Es con la discusión acerca del tipo de enseñanza que quisiéramos para nuestros alumnos y la preparación de los docentes destinados a llevarla a cabo, con lo que se debería comenzar. Cuando los profesores no cuentan con una formación pedagógica pertinente, periódicamente actualizada, lo más probable es que aún con las mejores directivas pedagógicas en mano terminen aplicando mecánicamente en su quehacer educativo las prácticas, los conceptos, los materiales y las técnicas de siempre, aderezadas con aunque utilicen un vocabulario nuevo, de aspecto más evolucionado.
En la actualidad, en los institutos de enseñanza musical que existen adentro y afuera del sistema educativo se trabaja a partir de diferentes modelos pedagógicos –tradicionales y modernos- que tendrían que ser debidamente analizados, debatidos y eventualmente descartados o adaptados a las necesidades y expectativas actuales de los alumnos, teniendo en cuenta sus capacidades y sus diferentes modalidades de aprendizaje.
HACIA UNA NUEVA PRAXIS EDUCATIVA
La música es buena, hace bien, cuando está bien enseñada, transmitida, compartida, a semejanza de los alimentos corporales o espirituales que se ofrecen en un clima de serenidad y equilibrio. De allí la importancia de contar con una pedagogía actualizada y de calidad, que permita garantizar un aprendizaje exitoso y una amplia llegada a nivel humano. La música para todos, una verdadera democracia educativa, sólo podrá ser realidad cuando la música se enseñe en las escuelas, conservatorios y universidades así como se enseñan en la actualidad las lenguas extranjeras, las artes plásticas y del espectáculo, la informática y los deportes en la actualidad; es decir de una manera natural, práctica, directa y accesible a las mayorías. Es sabido que cuando el educador musical aplica una pedagogía obsoleta o inadecuada, sólo aprenderán unos pocos: aquellos que están especialmente motivados o quienes han desarrollado la capacidad de educarse por su cuenta, sin necesitad de una mediación pedagógica.
Desde una falsa teoría, se ha intentado a menudo descalificar a la práctica, ubicándola en un lugar jerárquicamente inferior a aquélla. Sin embargo, es a través de una práctica participativa y consciente que aprendemos a teorizar. Desde la experiencia que nos da la práctica desarrollamos la capacidad de simbolizar, de pensar y seguir desarrollar nuestra autonomía personal. La teoría introducida a destiempo y de manera aislada funciona como un dogma destinado a la inmovilidad, sobre todo cuando se procede fuera del marco de un proceso interno dinámico, generador de enriquecimiento y cambio.
Hoy en día realmente sorprende que, en la música, los procesos de enseñanza-aprendizaje continúen centrados alrededor de la reproducción de modelos: el estudio y la repetición de partituras, la lectoescritura tratada con el enfoque puntual tradicional, la técnica instrumental orientada de manera conductista, los criterios teóricos y lineales que todavía se aplican para la enseñanza de la armonía y la comprensión del lenguaje musical, etc.
Ya es tiempo de que el modelo didáctico o curricular -la modalidad educativa que con su linealidad, verticalidad y autoritarismo ha logrado neutralizar la revolución pedagógica del siglo XX, provocando en todos los niveles la fragmentación del conocimiento y el alejamiento de la praxis- sea objeto de un profundo análisis crítico que de lugar a una necesaria transformación en la pedagogía general y artística.
Si durante este largo período de crisis educativa, la función de la pedagogía musical se ha venido progresivamente desdibujado, invisibilizado, pensamos que el momento por el que transitan actualmente nuestros países latinoamericanos es realmente propicio para que directivos, especialistas y profesores se prepararen para abordar a conciencia al ejercicio pleno de la tarea pedagógica. Y lograr así que la música se transmita y se aprenda de una manera más activa, inteligente y democrática.
Restaurar la praxis musical implica, concretamente, apuntar al logro de un hacer participativo e integrado, que conjugue la acción con la reflexión y la creatividad con la conciencia mental.
CONCLUSIONES
El campo de la educación pública no progresó ni se “modernizó” como el campo de la cultura, sino más bien involucionó -retrocedió al siglo XIX- volviéndose más teórico y academicista. El modelo curricular no ha favorecido el mentado protagonismo del educando ni tampoco el ejercicio de la autonomía y del sentido común por parte del maestro; sus logros del mismo no han sido seriamente evaluados a través del largo período en que se ha venido aplicando.
Es necesario analizar críticamente la situación actual de la educación musical y volver a pensarla, no sólo desde la educación sino desde la música, valorizando los aportes conceptuales y prácticos de nuestros propios artistas, músicos y pedagogos, así como los de los precursores más esclarecidos de la educación moderna, entre ellos los americanos John Dewey (filósofo) y Elliot Eisner (pedagogo), el gran psicopedagogo musical de origen belga Edgar Willems, Murray Schafer el compositor y pedagogo canadiense, y muchos otros que trabajaron para promover una educación más natural, basada en el sentido común, con un concepto humanista e integrador.
La mayor desconexión, la más grave en la pedagogía actual, es la falta de pertinencia del modelo, consecuencia directa del des-centramiento de la praxis artístico-musical y la des-integración de la conciencia mental como base del proyecto educativo. A partir de esta falta de eje, todo lo demás resulta minimizado. El momento actual se presenta como una ocasión apropiada para revitalizar inteligente y sensiblemente la pedagogía de la música y ponerla a la altura de las necesidades y circunstancias actuales y de las expectativas de niños y jóvenes y de toda la gente que ama la música.
La investigación educativa es, por definición, una herramienta que procede desde y para la realidad. Se investiga con el fin de profundizar algo que es necesario o urgente solucionar. En todo caso, entendemos que éste es el rol que debería cumplir la investigación en países como los nuestros, donde la pedagogía no ha alcanzado hasta el momento un nivel óptimo en relación a la necesidad que la gente tiene de la música, como alimento, energía y sostén.
El mito musical, el temeroso respeto hacia una música idealizada, fuertemente instalado en el mundo latino, sumado al significado y la trascendencia de la educación, han logrado transformar tanto a la Música como a la Educación misma en verdaderas utopías contemporáneas. Para destrabar esta situación no existe otro camino que no sea el regreso a una práctica reflexiva e inteligente, que recurra a la investigación cada vez que necesite bucear más a fondo en sus propias problemáticas, en sus urgencias y necesidades, con funcionalidad y pertinencia, enriqueciendo así su territorio y sus potencialidades para acceder libremente al conocimiento y la acción.
Deja tu comentario